CAPITULO I DOS VIRJENES
Dos vírgenes, veían el reflejo de la luna plateada, en aquellas aguas cristalinas. El viento estaba quieto y lo único que se podía escuchar eran los grillos cantar. Un césped acabado de cortar se extendía por los terrenos, como si estuviese trepando. Delante había una gran mansión victoriana y
Justo al lado una luz tenue iluminaba la piscina.
Allí dentro del agua estaba Linda, de ojos azul cielo, conjuntados con el bikini. Era una chica: rubia, bastante alta y tenia quince años. Las uñas tanto de los pies como de las manos lucían un rojo carmín. Lo que mas destacaba de sus pequeñas orejas, escondidas entre el cabello; eran unos pendientes, con un hermoso diamante en forma de corazón. En su fina cara,
La expresión que manifestaba estaba reflejada con una sonrisa y una tierna mirada; a un joven que estaba al lado suyo.
Ezequiel, que era así como se llamaba el chico. Tenía el pelo castaño oscuro y más largo de lo normal. Sus ojos color miel brillaban aquella noche con mas intensidad que nunca. De su cuello colgaba un sencillo crucifijo. Llevaba un bañador de flores. (Prenda que se había vuelto a poner de moda después de cuarenta años.) El rostro blanco del adolescente y el metro setenta y cinco que media, le hacían parecer más adulto de lo que verdaderamente era.
No habían, apenas sentimientos que respeto a Linda; se pudiesen dar a conocer, en aquel muchacho.
La chica estaba feliz y sonreía; el chico tomo un sorbo de zumo. Y de pronto Linda acerco su mano suavemente a la de Ezequiel, y dirigiéndose a el dijo.
-Tus manos son suaves y delicadas-. Hizo una pausa de unos instantes y continúo. -Veo en tus ojos color miel, las campanas tocar.-
El adolescente se quedo en blanco, no savia que hacer ni que decir. Lo único que paso por su cabeza, fue apartar la mirada del rostro de Linda y fijarla hacia otro sitio.
-Tu eres hermosa y lo seguirás siendo siempre eres bellísima Linda.- Quiso insistir Ezequiel que estaba en aquellos momentos extremadamente nervioso. Su celebro estaba loco, parecía que el no fuese el ser que controlaba la situación.
-Háblame de ti y te hablare de mi.-Propuso Linda con esa carita de piñón, que siempre solía poner.
-Soy una persona alegre-. Se paro un momento para pensar. Creyó que si empezaba a hablar de música, (arte que le fascinaba) podría desviar los pensamientos perversos, de aquella chica ha otra parte. –No se… toco el bajo y escribo las canciones para <<The Burning Boys>> Los chicos quemados.
-¡Ho! Músico… - Añadió la adolescente que pareció alegrarse.
-¿Qué mas quieres de mi?- Quiso saber Ezequiel al verla a ella tan interesada por el.
-Bueno ¿Qué tal con las chicas y sobretodo con migo?- Aquella pregunta fue para el, como si un demonio disfrazado de cupido; en vez de una flecha, le hubiese tirado un tridente.
-Bien la verdad es que muy bien.- El joven estaba tenso. -¿Te refieres a que como te veo yo a ti?- Pregunto Ezequiel.
-Si a eso me refiero, cariño.- Aseguro Linda con el tono de voz más suave que pudo hacer.
El viento empezaba a helar el agua de aquella piscina y la chica intentaba resistirse.
-Tu eres una chica encantadora, muy guapa por cierto y cariñosa. Tan bien me he dado cuenta de que sabes muy bien combinar la ropa. Esas mini faldas que te pones y esas camisetas.
El joven, no savia si lo que estaba diciendo era verdad o pura mentira. Su subconsciente, estaba tan escondido u muerto de miedo para poder dar la cara y a si poderse manifestar como el quería desde un principio.
-Tienes toda la razón, es cierto me encanta combinar la ropa. Desearía dedicarme a la moda es mi pasión igual que tu a la música.
Aclaro Linda esta vez se havia mostrado mas seria, cosa que era muy raro en ella.
-Recuerdo que antes dijiste, háblame de ti y te hablare de mí y a hora te toca a ti.
El frió que sentía Ezequiel le hacia mas difícil expresarse.
-Tienes razón, mi amor-. Linda se acerco más a Ezequiel y la abrazo. Perdió con esos gestos la seriedad con la que antes se había mostrado al adolescente.
-Si a si lo quieres te hablare de mi, te contare mis aficiones, mis gustos y todo lo que se de mi, amor-. Dijo Linda acompañando las dulces palabras con una caricia.
Los dos se miraron fijamente, una cadernera canto, y fue terminar y Linda empezó.
-Desde muy pequeña me ha gustado vestir bien. Ahora la verdad es que me va ese rollo punk. Estando contigo y con la familia que tengo, la verdad es que vivo cada día como si fuese mi cumpleaños. Es maravilloso tener amigos que me respeten y me quieran como tu.
La adolescente se sumergió asta el cuello obligando al adolescente a imitarla. La chica tenia ganas de estar con Ezequiel, mas cerca de lo que estaba. Deseaba tener su corazón.
La mujercita de quince años continúo contando cosas sobre ella. Y tan bien aprovecho para darle un sorbo al baso con zumo que avía en el bordillo de la piscina.
-Perdón vida, me encanta hacer yoga mi padre Benjamín Alubia le parece mal. Él dice que es una secta, porque el termino yoga significa unidad y él lo relaciona como una secta para adorar a Buda.
El bello del chico ya estaba empezando a erizarse. La chica lo resistía todo, con tal de estar con Ezequiel.
Se podía decir que Linda era una chavala complicada, rara y compleja. Una loca por los diamantes (caros) y la típica niñita de papa.
Pasó un cuarto de hora, y las estrellas estaban más relucientes. Linda ya había terminado de explicarle, sus aficiones, sus gustos…
Aquellos quince minutos parecían que hubiesen sido más de sesenta.
-¿Qué hora es?- Pregunto el chico preocupado.
-Son las diez y media-. Contesto la adolescente a ella no le importaba la hora que fuese lo único que era de su interés era estar con él. Ezequiel se fijó en el reloj de plata que llevaba Linda y dijo.
-Creo que es demasiado tarde; y el agua de esta piscina se esta empezando a enfriar-.
-Da igual si te congelas yo te podré calentar por eso no hay preocupación.-
Con esas palabras Linda no consiguió subirle la moral y el ánimo a su chico. Al contrario se lo empeoro. Pero ella era persistente, tenía ganas de juego y ha de más de incitarlo a estar con ella.
Linda se alego cincuenta metros hasta la otra punta de la piscina, cuja zona estaba mas profunda.
-Ezequiel, Cariño.- Grito la adolescente.
-Mira, mira estoy en lo más profundo.
La chica asmática, tenía ganas de llamar la atención, sumergió la cabeza y chapoteo con el agua para fingir mejor que se estaba ahogando. La adolescente se dejó caer, hasta tocar el suelo y uno de los pendientes con el diamante en forma de corazón, cerro los ojos esperando una respuesta.
Quince segundos después Ezequiel buceo hacia ella, la acuco entre sus brazos y la trajo a la superficie. Linda abrió los ojos, respiro y tosió. Ya estaba en la toalla entre los brazos de su amado. Noto como poco a poco se iba quedando sin aire.
-Ezequiel, busca en mi bolsa, hay encontraras el inhalador color azul alilado-.
Se podía apreciar en la manera de hablar el esfuerzo que tenia que hacer para pronunciar estas palabras. Ezequiel inmediatamente, metió la mano y busco hasta encontrar el bronco dilatador. Linda hizo tres puffs al inhalador. Con eso recobro la salud y las ganas de estar con su amor.
-Tranquila, eso le puede pasar a cualquiera-.
-La consoló el adolescente, Linda lo beso en la mejilla en señal de gratitud.
El acaricio la tez de la chica y se dio cuenta que uno de los pendientes en forma de corazón, había desaparecido.
El intento alertarla.
-Linda te falta un pendiente. Se te debe haber caído en la piscina-.
-Da igual, era una barata imitación. ¿Si lo encuentras me lo darás?
-Si, no te preocupes.-
Los grillos, cansados pararon de cantar y el silencio se empezó a escuchar. Ezequiel le puso la toalla por encima. Fuese por lo que fuese, este chico no sentía nada por ella, todos los gestos cariñosos no estaban dictados por el corazón. Sino por la conciencia.
Ezequiel se fijo en la muñeca de Linda; pudo ver en el reloj plateado que eran las once y media.
Con la piel de gallina dijo.
-Linda, es bastante tarde. Creo que tendríamos que irnos ya. Tu padre el señor Alubia te debe estar esperando.-
-Tienes razón mi vida, tendríamos que secarnos y cambiarnos.
Justo al lado de la piscina olímpica, havia una pequeña casa donde guardaban la depuradora y las herramientas para el mantenimiento.
Tan bien tenían dos cuartos de baño uno para señoras y el otro para ``señores´´ . Cerca estaban los vestidores (pequeñas salas donde la gente se cambiaba de ropa). De allí, Linda salio con un vestido Ibicenco, blanco (monisimo). El chico se puso una camisa sin cuello, bastante ancha de azul cielo y unos pantalones blancos.
-Estas muy guapo Ezequiel, esta vez as acertado.-
Dijo Linda.
El adolescente sonrió por debajo de la nariz.
-Sabes que tienes una sonrisa muy bonita-.
Añadió la chica.
-Tú tan bien la tienes-. Inquirió el chico, por compromiso.
No tenían chaquetas, Linda soportaba aquel frió, con tal de que Ezequiel se fijase en su escote. El chico no plasmo ni una mirada; simplemente el iba mirando las flores tan preciosas, que Anselmo Clave el jardinero havia plantado.
La chica ya no sabia como esconder su piel de gallina; porque según ella no se la podía mostrar, era de mala educación.
-¿Te lo has pasado bien, volveremos?-
Quiso saber Linda, ella anhelaba volver a estar con el; remojándose y ablando los dos solos sin que ningún engreído les molestase. Únicamente el cantar de la madre naturaleza.
-Ha sido estupendo, poder conversar de moda, música… y sobre todo estar con tigo-
Si Ezequiel fuese Pinocho, la nariz ya le estaría creciendo.
El continúo.
-¿Dices de quedar?-
-Si-.
-Que te parece si quedamos domingo trece por la tarde. Por la mañana he de ir a misa.-
Aclaro el chico, haciendo el esfuerzo de dibujar un calendario en su cabeza.
Linda metió su mano en el bolso y saco un pequeño almanaque.
-¡No! dicen que el trece trae mala suerte. Mejor sábado doce a las diez en punto de la mañana en tu ``casa´´. Luego podríamos salir a pasear…
Asintió con la cabeza. -Vale, te estaré esperando.-
El señor Fluvia, un hombre de mediana estatura, pelo canoso y delgado. Estaba allí con su Mercedes y vestido con corbata y chaleco. Mas que el dueño de millones de tiendas d muebles, por toda España; parecía un abajado mediocre que para dar mas clase se avía comprado un Mercedes.
-Hola Ezequiel-. El chico le saludo con la mano.
-Cariño despídete de el y vamos.- La voz ronca de Benjamín, daba a entender que estaba borracho. (Cosa que era mentira).
Linda beso a Ezequiel en la mejilla. En la cara de aquel señor se podía apreciar una sonrisa de oreja a oreja.
-¡Asta pronto! Exclamo el chico.
La Adolescente puso su mano en la boca y lanzo un beso a Ezequiel. Aquel gesto significaba en el lenguaje de Linda un Adiós. (No para siempre). Se giro y fue hacia su padre donde la estaba esperando.
-Buenas noches Sr. Fluvia-. Dijo el chico.
-Ezequiel, dale recuerdos de parte mía a tus padres. Adiós-. Grito Benjamín esta vez pareció que se hubiese bebido más de diez botellas de Güisqui.
-Así lo are. Adiós-. Contesto Ezequiel muerto de sueño.





estrellaverde dijo
Pobre linda ella quiere estar con ezequiel, pero el se va escabullendo del momento, ella casi se muere por que él se fije en ella, pero que le pasa a este chico?, tener una tia así detrás de él, otros aprovecharian el momento.
Ezequiel no será gay?
Cuando quieras puedes seguir la historia.
26 Abril 2007 | 07:39 PM